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Belén Escudero
Viernes, 11 de agosto de 2017
LA VACUNA SE HA EXPERIMENTADO EN EL CARLOS III

Los médicos del ébola en España: con la vacuna ya no estamos indefensos

Cuando se cumplen tres años de la llegada del ébola a España, Marta Mora-Rillo, especialista en enfermedades infecciosas del Hospital La Paz y una de las investigadoras que atendió en el Carlos III a los tres afectados por el virus, asegura a EFE que si hubiera un próximo brote "ya no estaríamos indefensos".

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Y no lo estaríamos porque, según ha señalado esta especialista en medicina interna y de la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel de La Paz en una entrevista a Efe, de producirse una nueva epidemia de las características de la de 2014 se podría utilizar la vacuna VSV-EBOV, con la que se ha experimentado en el Hospital La Paz-Carlos III en un ensayo clínico que ha concluido con resultados "positivos".

 

El ensayo clínico, que comenzó en septiembre de 2015, ha finalizado hace ya meses, según Mora-Rillo, pero de momento no se han difundido sus resultados porque aún no han concluido los trabajos los centros sanitarios de Estados Unidos que también participan en este estudio.

 

En total, son más de mil los voluntarios que están inmersos en este ensayo en el que también está implicado Canadá.

 

Hasta que no esté cerrado en todo el mundo no se mostrarán los resultados, pero los preliminares, que aún son confidenciales, sí se puede decir que "son positivos" y que los 40 voluntarios españoles sanos que han participado en el estudio han finalizado ya el seguimiento "sin ningún tipo de consecuencia negativa para su salud".

 

"Están perfectamente", comenta la facultativa , quien ha querido agradecer públicamente a estos voluntarios su participación porque "sin ningún tipo de beneficio personal han colaborado y se han dejado poner una vacuna con las incomodidades que eso genera".

 

El ensayo, liderado por el jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Carlos III, José Ramón Arribas, precede al concluido con éxito con la misma vacuna en julio de 2015.

 

Fue un ensayo clínico que lideró la OMS en África Occidental con un diseño "muy innovador" -subraya la experta- porque sus responsables "fueron capaces de probar una vacuna en ensayo clínico en el contexto de un brote epidémico activo".

 

La vacuna fue probada en más de 4.000 personas en contacto con la enfermedad en Guinea Conakry, uno de los países más afectados por la epidemia.

 

Las pruebas revelaron su eficacia en humanos en menos de 12 meses, un tiempo récord, según el equipo científico que desarrolló el ensayo y que estaba integrado por expertos de la OMS, Médicos Sin Fronteras (MSF) y de Noruega, Canadá, Guinea, EEUU y Reino Unido.

 

La vacuna VSV-ZEBOV combina el virus de la estomatitis vesicular (VSV) con un gen que codifica una proteína clave de la cepa Zaire del ébola, la forma más agresiva y letal conocida del virus.

 

La variante Zaire es contra la que podría funcionar la vacuna, no contra las otras cuatro cepas del ébola, pero ésta es la que tiene la mayor tasa de mortalidad.

 

Con los datos que respaldan que la vacuna es eficaz, y una vez que se conozcan los resultados del ensayo en el que participa España, las agencias reguladoras del medicamento de Estados Unidos y Europa realizaran las valoraciones correspondientes, que podrían permitir en el futuro su comercialización.

 

No obstante, según Mora-Rillo, si se produjera un nuevo brote en el mundo y las agencias del medicamento aún no hubieran dado el visto bueno a la vacuna de manera formal, la OMS podría emitir autorizaciones excepcionales para su uso antes de repetir una epidemia con 14.000 infectados.

 

"No estaríamos indefensos. No estaríamos esperando. Se podrá usar antes de que los trámites administrativos finalizaran y todo eso determinado por una agencia responsable que es la OMS", vaticina la facultativo, que espera que los casos de Teresa Romero y de los misioneros Manuel García Viejo y Miguel Pajares sean los últimos de ébola de su vida profesional.

 

 

El ébola, una enfermedad ignorada hasta que tocó Europa en 2014

 

Desconocido e ignorado hasta hace nada, cuando se asociaba a zonas remotas del Tercer Mundo, el ébola hizo a los españoles contener la respiración tres veranos atrás, cuando viajó desde Liberia a Madrid en el cuerpo del religioso Miguel Pajares, primera víctima europea de esta mortífera enfermedad.

 

El 12 de agosto de 2014, el sacerdote español sucumbía a la crueldad del virus, que había iniciado su letal camino cinco meses antes en Guinea Conakry para expandirse después a Liberia y Sierra Leona, sembrando casos también en Nigeria, Senegal, Estados Unidos, Reino Unido, Italia y Mali.

 

Comenzaba así la mayor epidemia de ébola de la historia, con más de 28.600 personas contagiadas y más de 11.300 fallecidas en dos años.

 

No fue hasta el 7 de agosto de 2014 cuando España tomó conciencia de esta devastadora enfermedad, día en el que un avión medicalizado del Ejército lo trajo a Madrid, dejando unas imágenes propias de la ciencia ficción, en las que se veía al sacerdote tumbado dentro de un dispositivo de aislamiento y los sanitarios protegidos con trajes especiales naranjas antes de trasladarlo al hospital Carlos III.

 

Hasta entonces, el religioso, de 75 años, había permanecido aislado en el hospital San José de Monrovia, junto a otros cinco religiosos, entre ellos la hermana Juliana Bohi, que fue repatriada con él tras la muerte del director del centro, Patrick Nshamdze, víctima del virus.

 

Desde la semana anterior, Pajares tenía fiebre alta y su estado de salud ya preocupaba porque además padecía problemas cardiacos. Los temores se confirmaron cuando las pruebas que le realizaron dieron positivo.

 

"Me gustaría (ir a España) porque tenemos muy mala experiencia con lo que ha sucedido aquí. Aquí estamos abandonados y no nos satisfacen. Queremos ir a España y que nos traten como a personas, como Dios manda", deseó Pajares, quien pudo ver este deseo cumplido, pero no el de sobrevivir al ébola a pesar de los esfuerzos con el suero experimental ZMapp, que se había empezado a usar en EEUU.

 

Tampoco pudo superar el virus el otro religioso que fue repatriado el 22 de septiembre de ese año, Manuel García Viejo, director médico del hospital San Juan de Dios de Lunsar (Sierra Leona): como Pajares, falleció en el Carlos III cuatro días después, aunque en su caso, no se le pudo administrar el suero experimental al estar agotadas las existencias.

 

La alarma dio poca tregua y volvió a saltar el 6 de octubre al confirmarse que una de las auxiliares de enfermería que atendió a García Viejo, Teresa Romero, había contraído la enfermedad. Una vez fue trasladada del hospital de Alcorcón al Carlos III, la trataron con plasma de la religiosa Paciencia Melgar, que trabajaba con Miguel Pajares y que superó la enfermedad en Liberia.

 

Un día después, su marido, Javier Limón, fue ingresado en aislamiento, al igual que un ingeniero español procedente de Nigeria y otras dos sanitarias que asistieron a los misioneros. En total, medio centenar de personas estuvieron bajo vigilancia.

 

Entre medias, Excalibur, el perro de Romero, fue sacrificado en medio de una intensa campaña en las redes sociales para intentar salvarle la vida, un sacrificio que fue declarado "inevitable" el pasado abril por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

 

Mientras, en medio de la polémica por la gestión de la enfermedad, el día 12 llegaba la esperanza al saberse que la carga viral en la auxiliar se estaba reduciendo y, cinco días después, que el ébola había remitido, aunque Romero siguió ingresada hasta recuperarse de los daños que el virus le había causado en varios órganos, especialmente los pulmones.

 

El 22 de octubre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguraba que España sería declarada libre del virus el 2 de diciembre, transcurridos 42 días desde el segundo negativo de la auxiliar, como así ocurrió.

 

Quienes estaban en observación fueron dados de alta a medida que transcurría el periodo de aislamiento de 21 días que establece el protocolo, entre ellos Javier Limón y, ya el 1 de noviembre, su pareja, que en su primera aparición pública el día 5 aseguró desconocer el motivo por el que resultó contagiada.

 

Sin embargo, en enero de 2015 reconoció que no informó a la médico de familia del contacto con un paciente con ébola. En enero, la jueza que investigaba si se incumplió la normativa de seguridad laboral para evitar casos de contagio como el suyo archivó la causa al no considerar acreditado que las autoridades sanitarias incurrieran en delito.
      

 

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